Expresso Valle de Bravo
/in COMMUNIDAD, MEDIOAMBIENTE/by jane@hnkstudio.comuna empresa que apuesta a la abundancia
por Mónica Beck-
“Creer en una sociedad que gira entorno a una economía de consumo ilimitado, basada en un planeta de recursos limitados, es una ecuación imposible” me dice Oscar Sánchez, socio, director de Expresso Valle de Bravo que junto a Luis Carlos Aguilar -inversionista- le apostaron a crear una empresa lista para una economía diferente. A dos cuadras las aguas del lago de Valle de Bravo se mueven silenciosas, atestiguando la insaciable hambre de la sociedad moderna.
Las oficinas de Expresso huelen a café recién hecho y sobre el silencio flota una música alegre que nos regala un remanso del ruido de “la Costera”, cómo se le conoce a la avenida sobre la que se encuentra Plaza Valle. Expresso es una empresa de transporte que opera desde hace una año: “vamos más allá de cubrir una ruta, somos lo que hoy se conoce como una DMC” nos explica que una Destination Management Company brinda la posibilidad de no sólo llegar a un destino, sino conocer lo mejor de un destino ofreciendo hoteles, restaurantes, paseos: “trabajamos para que nuestros visitantes puedan ver lo maravilloso que es Valle de Bravo.”
Oscar acomoda algunos papeles mientras nos relata que desde hace mucho tenía la necesidad de crear una empresa que fuera un buen negocio, que además se convirtiera en una fuente de empleos y derrama económica para la comunidad, y que no formara parte de la voraz cadena del capitalismo, “vivo en Valle de Bravo desde hace más de 15 años, y cualquiera te lo podrá decir, la naturaleza alrededor de este lugar es intoxicante, es difícil no hacerse reflexiones acerca de la ecología.” Sigue explicando cómo en una economía mundial decadente, es un reto crear empresas nuevas que propongan soluciones a viejos problemas, “pobreza, es el resultado de no sumar a la ecuación empresarial el capital natural, es decir, no comprometerse en la renovación de recursos naturales es comenzar algo que está destinado a terminar tarde o temprano ”, y continúa explicando que la única forma de crear un ciclo de abundancia en la sociedad es pensar sobre el impacto que la operación tiene sobre los recursos naturales, revertir el consumo ilimitado como motor económico, y detener la insaciable necesidad de las sociedades de poseer objetos para uso personal. “En Expresso,” sigue Oscar con optimismo, “desde el primer boceto del proyecto, se tomaron en cuenta las variables necesarias para que nuestra huella ecológica fuera mínima, es más, desde hace unos meses hemos invertido en certificados de captura de carbono para convertirnos en una empresa neutra” nos explica a detalle como en todos los aspectos de operación de la empresa se ha escogido invertir neutralizar esta huella, y nos comparte cómo funcionan los proyectos de reforestación estatales que se apoyan con la compra de estos certificados, “en el fondo lo que todos necesitamos no es un automóvil, si no llegar a algún lado, ¿necesitamos todos tener un auto estacionado afuera de nuestras casa?”
Sobre la mesa que separa a dos cómodos sillones color azul, se encuentran varios ejemplares de “Contracorriente”, publicación mensual de Procuenca creada para educar y promover un actitud diferente con la naturaleza en Valle de Bravo. Una joven mujer entra con ejemplares nuevos de esta publicación y le pregunta a Oscar que si se lleva los anteriores, “No” contesta, “mañana tengo un grupo y puedo repartir también esos”, se despide amable y continúa con nuestra plática, “no es suficiente ser una empresa neutra, eso sólo nos pone a mano con el medio ambiente, todavía hay mucho más por hacer.” Nos comparte que lo que sigue en Expresso es aprovechar el contacto con un gran número de pasajeros para educar acerca de estas nuevas formas de relación, “queremos plantar las preguntas indicadas acerca de cómo transformar nuestras elecciones de consumo, nuestros intercambios comerciales. Son semillas, nunca se sabe dónde van a germinar.” Actualmente Expresso está creando una alianza con Procuenca, invitando a los usuarios para que sean parte de la reforestación de las colindancias ejidales, que pretenden detener la erosión en las tierras de cultivo, reteniendo el agua de lluvia entre parcelas, “es importante tener una experiencia de primera mano para ser parte de una solución en forma activa” después de una pausa sigue, “para reconstruir México, tenemos que aprender a hacerlo en equipo, el pro-blema no es individual, por lo tanto, todos somos parte de la solución.”
Oscar concluye diciendo “las sociedades de consumo no necesariamente producen poblaciones con personas más felices, al contrario. Tenemos que modificar nuestras relaciones comerciales para que todos necesitemos menos cosas y que aún así tengamos más”, agrega que las nuevas empresas tienen que sumar a su ecuación económica el bienestar social, tanto como el capital natural, para generar un ciclo de abundancia y no de pobreza.
Afuera, en la plaza un constante tráfico de visitantes entra y sale de los negocios. En la mano traen bolsas, vasos, celulares… ¿cuál será el fin de todos estos objetos?
Más información: www.expressovalledebravo.com.mx
El agua no es tan sólo agua
/in MEDIOAMBIENTE/by jane@hnkstudio.compor Mónica Beck-
Esta mañana las brazadas cuestan. El agua corre a toda velocidad por mi costado cada vez que giro para llenar mis pulmones de aire. Hay días en que el agua me ayuda a deslizar por esta alberca, pero otras veces, como ahora, esto es más una lucha que una relación. Abajo no se oye nada y las visiones son entintadas por las losetas azules del fondo. Aquí se escucha más fuerte el latido de mi corazón, lo de afuera parece no existir.
El agua es antigua. Si ahora me sirvo un vaso de este transparente líquido y lo tomo, me estoy bebiendo la misma agua que hace miles o millones de años tomaron otras mujeres y hombres en otros tiempos. Esto es porque el agua en nuestro planeta no es otra, no hay más ni menos agua que la que siempre ha existido desde la creación de la Tierra. Así, el agua es viajera, pues entre evaporaciones, nubes y vientos, cambia de ubicación constantemente; la que ayer fue el agua de Japón, mañana bien puede ser el agua de México según las co-rrientes caprichosas del cambiante clima.
Alguna vez un hombre me confesó que un día durante un viaje en crucero por Alaska bajó a conocer un glaciar. A aquella expedición turística trajo consigo una martinera, y se preparó un coctel con la reserva de aquel hielo prehistórico. El pensamiento que me siguió fue: ¿qué secretos ancestrales de este turista moderno se disolvieron entre la ginebra, el vodka y aquel pedazo de glaciar, dentro de esa coctelera? Dos tiempos distintos mezclados no sólo nos hacen pensar en la relatividad del tiempo, sino en la incómoda pregunta: ¿a quién le pertenece el agua?
Cuando yo era niña el agua no era de nadie. No había agua empaquetada y etiquetada con los nombres de ninguna empresa. El agua corría libremente por el grifo de la cocina, y si tu mamá era un poco escandalosa con la higiene doméstica, quizá pasaba el agua antes por un filtro de carbono, o la hervía un ratito sobre un pocillo en la estufa. Hoy no sólo el agua es una industria millo-naria, sino es parte de la complicada cultura del branding, en donde el valor de las cosas -y habría que agregar, de las personas-, está valuado por los logotipos que las acompañan, sumándose a ideologías preempaquetadas de ideales corporativos maquilados a destajo, en la compleja y sofisticada maquinaria de la publicidad. Los objetos pierden el valor de su esencia y quedan sometidos al superficial valor de una etiqueta. En este juego nos han hecho creer que hay mejores aguas que otras, cuando en el fondo el agua, es tan sólo agua.
Si el agua es antigua y es constante viajera de cielos, y además tiene la facultad de atravesar el tiempo, entonces el agua es sabia. Una muy querida amiga vivía en el piso 19 de una lujosa torre de la ciudad. En su peculiar departamento construyó más cerca del cielo que de la tierra, una fuente en el centro de su sala. En sus constantes viajes, traía consigo frasquitos con agua de todos los rincones del planeta, y los vertía en su fuente enriqueciendo el agua que por ahí corría. Ella creía que desde su fuente emanaba la sabiduría ancestral del agua, y en su constante cantar brotaba una porción de paz universal. Si bien escoges creer o no en esta anécdota, vale la pena reflexionar en cómo el agua, juega un papel fundamental en nuestras vidas cotidianas: cuando nos bañamos, cocinamos, bebemos, regamos, etc. ¿Qué haríamos sin el agua corriendo a toda velocidad por las paredes de nuestras casas satisfaciendo nuestras constantes demandas?
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Cuando veo a los niños jugar durante horas dentro de una bañera o alberca, pienso que esa agua en realidad es herencia de todos y sólo se encuentra de paso por nuestras vidas por un ratito. No hay más agua ni menos agua que hace cien millones de años, y sin embargo las reservas de agua dulce hoy están reducidas. De toda el agua del planeta el 97.5% aproximadamente es agua salada, y tan sólo el 2.5% restante es de agua dulce. Hemos logrado reducir sustancialmente esas reservas potables en los últimos cincuenta años gracias al crecimiento social y cultural de nuestra voraz civilización. ¿Cuánta de esa agua dulce les vamos a entregar potable a nuestros niños dentro de treinta o cuarenta años?
La próxima vez que llueva, abre la boca con la cara hacia las nubes mientras recuerdas que esa agua que paladeas, viajó a través de los cielos, los mares, otros pueblos, cruzando la barrera del tiempo para llegar a ti. El agua es embajadora de la paz mundial, es herencia de la humanidad, parte vital de nuestra vida diaria.







