En el marco de las actividades del Fashion’s Night Out organizado por la revista Vogue México y como parte de la exhibición Un tributo a México se presentaron 13 muñequitas mazahuas pero no la clásica muñeca que todos conocemos, no, éstas estaban despojadas de sus hermosos trajes multicolores para ser remplazados por los de diseñadores como BCBG Max Azria, Blumarine, Christian Cota, Etro, Kenzo, Lacoste, Max Mara, Nicole Miller, Rag&Bone, Swarovski y Tommy Hilfiger.
Una noche antes, en una cena de gala privada, las 13 piezas se subastaron a beneficio de la Asociación de Amigos del Museo de Arte Popular (AAMP), Fondo para Niños de México A.C. y la Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano A.C. (SIVAM). Algunas de las muñequitas alcanzaron cifras de hasta 20,000 pesos. Casi puedo oír a los comensales de dicha gala: –Bebé, ¡¡¡ven bebé!!! Chécate esta por favoooooor !!! No es lo máximooooooo??? Por Dios si tiene hasta su carterita haute couture. -Ay y qué me dices de la de Lacoste con los cocodrilitos en su falda, ¿no está di-vi-na? -le contestaba su amiga que llevaba un rebozo precioso -de seda por supuesto- muy ah hoc con la ocasión.
–Plis, plis me tienes que comprar por lo menos una -chillaba quedito una comensal más colgada del brazo de su aburrido marido.
La transformación no se limitaba al vestido, la de Swarovski, de plano, hasta los ojos azules le pusieron y la de Tory Burch ¡el pelo amarillo! Y esto aparentemente es un tributo a la artesanía mexicana. Disfrazar, desvirtuar, teñir de rubio y ponerles ojos azules a las muñecas artesanales de una de las culturas indígenas más importantes y representativas del país. Como si las muñecas morenas, de ojos negros, pelo negro y trajes típicos no fueran lindas de por sí. No, Vogue y sus amigos diseñadores decidieron que había que europeizarlas para que fueran más lindas, para que merecieran entrar en la casa de la gente bien. Me pregunto yo ¿qué cara pondría el CEO de Max Mara si le ofrecieran a unas costureras mazahuas su más celebrado diseño para mejorarlo? O ¿cuántas de las señoras que asistieron a la subasta aceptarían algunas costuritas mazahuas a su mejor vestido de diseñador? Uno que otro olán por aquí y un poco de encaje por allá.
Eva Hughes, directora de Vogue México y Latinoamérica comentó:
“Pienso que hay muchas cosas por hacer con el tema de los artesanos mexicanos y su incursión con la moda. Esto se puede extender aún más y podemos hacer colaboraciones importantes, hay que dar un primer paso para lograrlo, esto es lo más difícil, pero en Vogue queremos lograr que las chicas jóvenes, las niñas, mujeres, hombres y ciudadanos extranjeros vengan a conocer otra faceta de la moda en México”
Qué aterradora idea, pero más aterrador aún es que estas iniciativas encuentren eco en las personas supuestamente encargadas de salvaguardar la características propias de la artesanía mexicana como Elena Cepeda, secretaria de cultura del Gobierno del Distrito Federal, el director del Museo de Arte Popular (MAP), Walther Boesterly y la presidenta de la Asociación de Amigos del Museo de Arte Popular, Cecilia Moctezuma.
Finalmente, quiero pensar que una vez pagadas las cuentas de bebida, comida y organización de este evento, algo habrá quedado para donarse a las asociaciones civiles involucradas; pero ¿valió la pena? De verdad yo me pregunto ¿qué no habrá maneras más dignas de rendir tributo a México? ¿De enaltecer sin desvirtuar nuestros rasgos característicos? ¿Es ésta la manera en que queremos que nos perciban los demás? Yo no.









